«Robarle al Estado es robarle al ciudadano»: cada peso rastreado desde el tesoro público
Se anuncia el uso de tecnología para detectar sobrecostos, contrataciones sospechosas y proveedores repetidos, con citas a Montesquieu y Aristóteles sobre la corrupción de los principios.
El vídeo
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Lo que se dice
segundo a segundo la ejecución del erario. Quiero que cada peso pueda ser rastreado desde el mismo momento en que sale del tesoro hasta el instante en que cumple la finalidad para la cual fue destinado. La tecnología deberá ayudarnos a detectar anomalías sobrecostos, contrataciones sospechosas, concentraciones indebidas, seguir a los proveedores que se repiten una y otra vez. en las distintas dependencias del Estado y estar atentos a cualquier señal que pueda advertir tempranamente un posible acto de corrupción. No esperemos a que el daño esté hecho. La corrupción se combate antes, durante y después, previéndola, vigilando el uso de los recursos y poniendo en manos de la justicia cualquier irregularidad que aparezca. El corrupto puede apropiarse de una cifra escrita en un presupuesto, pero detrás de esa cifra siempre existe una comunidad que carga las consecuencias de ello. Robarle al Estado es robarle al ciudadano. En el espíritu de las leyes de Montesquier, allí se hace una advertencia cuya vigencia permanece intacta. La corrupción de cada gobierno comienza casi siempre por la de sus principios y allí está la raíz del problema. Antes de romperse las normas de un contrato, antes de que se corrompa, se ha corrompido el principio fundamental que nos enseñó Aristóteles, según el cual gobernar significa servir. El poder se ejerce rectamente cuando busca el bien común y se pervierte cuando se pone al servicio de los