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«No vamos a regular» la inteligencia artificial: energía, minerales, centros de datos y talento

Se invoca el discurso del Nobel de Hayek de 1974 contra la pretensión del conocimiento y se enumeran las ventajas argentinas para competir en la cadena de valor de la IA.

24 de septiembre de 2026 1:55 minuto 00:17:32
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Lo que se dice

varios años. También quisiera dedicar unas palabras al gran tema del momento, que es la inteligencia artificial. Argentina tomó una postura muy clara al respecto. Frente a la inteligencia artificial. No vamos a regular, no vamos a matar una semilla que aún no termina de florecer por miedo a sus frutos. Tenemos todo para competir en la mayoría de los eslabones de la cadena de valor de esta industria y lo vamos a hacer. La razón es simple. Cada vez que la humanidad se acerca a un salto tecnológico, aparecen los que prometen protegernos de él a cambio de una parte de nuestra libertad. En su discurso del Premio Nobel de 1974, Hayek advirtió contra la pretensión del conocimiento, contra la idea de que alguien pueda saber por adelantado lo que solo el proceso de descubrimiento puede revelar. Regular una tecnología que todavía se está inventando es decidir por adelantado cuál es el futuro permitido. Nosotros preferimos que el futuro lo descubran los que lo construyen y preferimos que ese futuro sea construido en países con valores occidentales, en democracias liberales con un respeto profundo por la vida, la libertad y la propiedad privada. Y los eslabones en los que podemos competir se ven a simple vista. La inteligencia artificial consume energía en cantidades enormes y Argentina tiene vaca muerta. Necesita cobre, litio y otros minerales críticos y Argentina los tiene. Necesita centro de datos y Argentina tiene tierras inhóspitas a baja temperatura para construirlos y necesita talento. Y el talento argentino es sobresaliente. Desde Silicon Valley y Houston hasta Suric y Abu Dhabi, en todas las empresas de primer nivel hay siempre argentinos en cargos jerárquicos. Y no es una casualidad o un caso de excepcionalidad argentina, sino que es el resultado de décadas de gobiernos que sometieron a los argentinos a un infierno fiscal que