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AMÉRICAHISPANA

«El capitalismo es el sistema que Dios preparó» tras la caída, basado en la propiedad privada

Afirma que el capitalismo no se funda en la avaricia sino en el amor al prójimo y en un derecho de propiedad que ni el soberano puede violar, y que reconstruir la abundancia exige generaciones.

22 de septiembre de 2026 1:56 minuto 00:13:40
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Lo que se dice

Así, la situación de la caída del hombre es carac se caracteriza por el mismo mandato de producir y crecer, pero ahora con escasez. con esfuerzo, con límite y con incertidumbre. Y en este mundo poscaída, con dotaciones finitas y tecnologías que hay que descubrir, el hombre tiene que decidir cómo organizarse. Y aquí está el punto que quiero subrayar con fuerza. El capitalismo es el sistema que Dios preparó a través de una ley para que después de la caída el trabajo continuara. Dios no nos abandonó, nunca nos abandonó, incluso aun cuando fuéramos contra él, siempre nos dejó una puerta abierta para volver a su reino. Nos dejó la tarea de reconstruir en la tierra el reino que perdimos, reconstruir la abundancia radical y la eternidad que alguna vez perdimos a través de obedecer los mandamientos que él nos dejó escritos. Pero eso requiere tiempo y esfuerzo de múltiples generaciones mancomunadas trabajando para dejarle a la generación siguiente un mundo mejor. Es una tarea ardua, casi infinita, que solo se puede llevar adelante si cada generación tiene un profundo amor por sus semejantes. Podemos encontrar un ejemplo sencillo en el aforismo. La sombra de los árboles de hoy existen por la siembra que hicieron los hombres de ayer. Si nadie se dedices a sembrar árboles para las generaciones futuras o si todos se dedicaran exclusivamente a consumirlos, ninguna generación podría disfrutar la sombra. Usualmente se denosta el capitalismo como un sistema basado en la avaricia, pero eso no puede estar más lejos de la realidad. El capitalismo en su sistema basado en el amor al bien, en el derecho a la propiedad, tanto propia como ajena, y en la fe en que ese derecho sagrado no puede ser violentado ni siquiera por el soberano. Esa es su verdadera esencia.