«No hay tercer camino»: el programa comunista, calificado de satánico frente al programa
Describe al Estado socialista como un intento de sustituir el orden divino y cita el Deuteronomio para plantear la elección entre la vida y el bien o la muerte y el mal.
El vídeo
Descargar MP4 (solo aliados)Gratis para medios. El alta se abre en el acto y se descarga desde el primer minuto.
Lo que se dice
El estado socialista es por por poder absoluto y sin rendición de cuentas ante ninguna ley que lo trascienda. Es el intento más ambicioso y más devastador de reemplazar el orden divino por el orden humano. Y el resultado siempre es el mismo, miseria, muerte y el infierno en la tierra. Mientras el programa de Dios trae abundancia y armonía espiritual y material, el programa comunista bajo la falsa promesa del paraíso inmediato es un programa satánico que en lugar de traer el paraíso te trae el infierno. Ese es el programa opuesto al programa de Dios. Por todo esto, la culminación de la moral como política de Estado es comprender una verdad muy profunda. Hoy y para siempre en todas nuestras sociedades, la elección no es política, es moral y es una elección que debemos tomar día tras día hasta el final de los tiempos. En el libro de Deuteronomio, Moisés le habla al pueblo antes de entrar a la tierra prometida y dice, "Mirá, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal, porque yo te mando hoy que ames al eterno tu Dios, que andes en sus caminos y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos para que vivas y seas multiplicado. Y el eterno tu Dios te bendiga." Deuteronomio 30 15:16. La vida y el bien de un lado, la muerte y el mal del otro. No hay tercer camino. No se dejen engañar. No hay tercer camino. O eligen el bien o eligen el mal. Si elegimos el bien, prosperamos. Si elegimos el mal, nos hundimos. No hay mucho más que hacer. Está todo dentro de nuestras manos. Pero la Torá no se detiene ahí, va más lejos. Por lo que es verdad para el individuo es también verdad naciones. Y lo que es verdad para las naciones es especialmente verdad para quienes la gobiernan. El gobernante que honra la ley de Dios no solo prosperará como